Butacas

Europa Occidental o Norteamérica, mediados del siglo XX
Madera tallada, ensamblada y dorada. Tapicería de lana

Descarga el PDF dando clic aquí.

 

La estructura de madera dorada

Ambas butacas tienen patas delgadas, ligeramente curvas, sin llegar a la exageración de las patas cabriolé, terminadas en volutas en el extremo inferior y a lo alto adornadas con medallones de palmetas. El asiento de forma trapezoidal presenta suaves ondulaciones y en el frente está ornamentado con motivos vegetales. El marco del respaldo, ligeramente inclinado hacia atrás, tiene una forma cuadrangular con esquinas redondeadas, que en el caso de las altas se cubren con hojas de acanto. La parte superior presenta una leve curvatura hacia arriba y ostenta un medallón central con flores del que surgen guirnaldas a ambos lados; mientras, la parte inferior se adorna con una concha al centro flanqueada con contrapuntas de hojas acanto. Un cordón tallado corre por el borde interior. Los brazos de sutiles curvas en postes y descansabrazos  presentan cojinetes sobre estos últimos.

 

La tapicería

Las tapicerías de colores pasteles y hechas exprofeso para los muebles, presentan escenas bucólicas. En los respaldos una mujer y un niño en actitud lúdica vestidos a la usanza de los campesinos franceses del siglo XVIII. Mientras las del asiento ostentan un perro retozando. En ambos casos las escenas están enmarcadas por guirnaldas de rosas. Los cojinetes de los descansabrazos presentan el mismo tipo de flores. Por último, todas las tapicerías están fijadas en los bordes por una hilera de tachuelas de bronce.

 

Haz clic en la imagen para ampliarla

 

La vuelta de los estilos del pasado y la conservación de la artesanía tradicional de lujo

Estas piezas de curvas sutiles y maderas doradas poseen todas las características de los muebles de transición del estilo regencia, de líneas ondulantes pero contenidas, al estilo Luis XV, de curvas más pronunciadas y con profusa decoración, características del mueble francés de las primeras décadas del siglo XVIII. Sin embargo, su manufactura data de mediados del siglo XX y su origen no está claro, puede tratarse de Europa Occidental o Norteamérica.

 

 

Durante la segunda mitad del siglo XIX se dio un movimiento de recuperación de los estilos del pasado llamado eclecticismo, que incluía la arquitectura, la decoración de interiores y las artes aplicadas, entre ellas el mobiliario. El gusto por poseer estos objetos nuevos, pero con estilos antiguos, perdura hasta nuestros días y ha posibilitado la conservación de los oficios de ebanista y tallador en muchos lugares del mundo occidental.

 

De los palacios a las mansiones burguesas

Por sus materiales, sus técnicas de manufactura y su calidad, piezas como estas se concibieron en el siglo XVIII como muebles cortesanos. Su lugar eran los palacios de la realeza o de la nobleza europea, ya que sus precios los hacían inaccesibles para el resto de la población.

 

 

Para mediados del siglo XIX la burguesía europea se había enriquecido gracias a la Revolución Industrial y la latinoamericana gracias a la explotación de materias primas. Entonces fueron capaces de construir grandes mansiones y amueblarlas al estilo cortesano como demostración de su poderío económico y sus aspiraciones sociales.

 

 

Las fortunas familiares que sobrevivieron a los movimientos armados y a las crisis económicas a ambos lados del Atlántico durante las turbulentas décadas de la primera mitad del siglo XX permitieron construir nuevas mansiones, donde la burguesía se refugiaba de tanto desorden. Algunos de estos nuevos hogares se decoraron con muebles que retomaban los antiguos estilos cortesanos como las butacas que nos ocupan.

Pero, ¿por qué escoger este estilo de mobiliario y no otros del amplio repertorio antiguo? Sus líneas elegantes y contenidas, bañadas de sutiles brillos dorados y esas tapicerías llenas de flores y de colores pastel poseen un equilibrio entre la sobriedad y la ostentación, pero también entre la feminidad y la elegancia, tan apropiados para una casa en la que se buscaban ambientes armónicos que complementados con todas las comodidades modernas hablan de las aspiraciones y el desahogo económico de los dueños de la casa. Así mismo, su estética era compatible con la moda femenina de la posguerra y de la década de 1950, que proponía una feminidad idealizada surgida como un anhelo después de los años de guerra y de comercio suntuario interrumpido. Además, ¿qué asientos podrían ser más apropiados para que se sentara una elegante mujer ataviada con un vestido de colores pastel de amplias faldas sostenidas por vaporosas crinolinas y calzada con delicados zapatos de tacones de aguja, atuendo que tanto recuerda a la moda rococó del siglo XVIII?

 

Copyright © 2019 Museo Arocena Todos los Derechos Reservados